A la hora de planear una salida de fin de semana, la pregunta es a dónde ir, y se tiende a tomar en cuenta aspectos como vías de acceso, cercanía al lugar de residencia, atractivos turísticos del destino, artesanías, gastronomía y hospedaje. En mi caso, casi sin pensarlo, salió el nombre de Tlaxcala, supongo que la decisión fue por la cercanía con la ciudad de México.
Llegamos a eso de las seis de la tarde, y únicamente nos dió tiempo de alojarnos, estar un rato en la alberca y cenar. Al día siguiente, muy temprano y desde el interior del restaurante, se escuchaba música y alboroto en las calles, lo que hizo que tuviéramos la inquietud de saber qué pasaba. Al salir nos dirigimos al módulo de información turística, para saber cómo organizar el día. Mientras caminábamos, vimos a un grupo de personas con mascara y vestidas con trajes regionales muy vistosos, preparados para su presentación. Así nada más al nivel de la calle, sin ningún templete o tarima para su mejor apreciación, eso si, algunas gradas que resultaron insuficientes para la cantidad de gente que se encontraba en torno a la Plaza.
Al llegar al módulo de información, estaba a punto de salir el tranvía turístico, así que sin dudarlo, lo abordamos de inmediato. Este recorrido nos permitió conocer algunos de los atractivos de la pequeña, pero limpia ciudad: templos, museos, galerías, la plaza de toros y jardín botánico.
A nuestro regreso, el número de paseantes era mayor, pudiendo apreciar y hasta admirar la caracterización de las camadas; término con el que se conoce a este grupos de danzantes participantes en el Concurso Estatal de Camadas. Cada una de ellas, decide qué pieza musical bailará y la vestimenta, ésta última, dependiendo de los recursos económicos del grupo. A mi, me tocó disfrutar a casi todas ellas con música en vivo, lo que la hace mucho más festiva y el público contagiado, decide bailar al son de la música.
A media tarde y después de visitar la tienda del Museo de Artes y Tradiciones Populares, conocí a un entusiasta joven de tan sólo 22 años, quien reunió a una camada de más de 40 niños y jóvenes, que por puro gusto, se inscribieron para participar en este famoso concurso. Me llevó cinco minutos platicar con Mario Cervantes Loaiza, para contagiarme del amor y orgullo que le significa continuar con esta tradición. “Son niños de primaria y secundaria los que participan, venimos de una población llamada Felipe Carrillo Puerto, perteneciente al municipio de Altzayanca. Es la primera vez, que nos invitan”. Expresó lleno de emoción. Para los padres de estos pequeños, es un honor que sus hijos participen en esta festividad.
Distintos acordes se repiten una y otra vez, en diferentes espacios del centro de la ciudad, la fiesta se vive desde muy temprano hasta el anochecer. Es difícil abstraerse a estos sonidos, que no provocan otra cosa, que el deseo de mover los pies. Rostros de mujeres y hombres danzantes lucen alegres, haciendo gala de gracia y belleza.
Las calles de Tlaxcala se visten de color, tradición y festividad con danzantes caracterizados de hombres europeos, hombres vestidos de atractivas mujeres y de personajes prehispánicos. La imaginación es el principal ingrediente en esta maravillosa fiesta llamada el Carnaval de Tlaxcala.
Es un verdadero disfrute, presenciar estas danzas que se llevan a cabo en distintos espacios públicos.
Aún es tiempo de que se escape a Tlaxcala, ya que el Carnaval tiene un programa de actividades hasta el 9 de marzo.