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Por los Rincones de México:

Real del Monte, en cuyo subsuelo, corren kilómetros y kilómetros de túneles hechos por el hombre

Comer pastes, será un excelente pretexto para recorrer las calles y plazas de este bello rincón del Estado de Hidalgo.

Considerado como "Pueblo Mágico", por el nivel de conservación de su añeja arquitectura y exquisita gastronomía, Real del Monte, ofrece a sus visitantes, además, espléndidos parajes boscosos que invitan a caminarlos o a experimentar algún deporte extremo, para lo cual se han acondicionado equipos de tirolesa, por ejemplo. Sea cual sea su elección, en el ambiente sentirá el correr de un aire fresco y, dependiendo de la estación, neblina, lluvia, y hasta deliciosos días calurosos.

Le sugerimos conocer alguna de las minas que allí se encuentran, como la Dificultad, la de Acosta, Dolores o la de La Purísima. La Mina y Museo de Sitio de Acosta, nos da cuenta de la gran actividad minera que vivió Real del Monte, misma que inició en 1727 y se prolongó por más de dos siglos, ya que en 1985 que concluyó la extracción de oro y plata. En esta Mina se encuentra el Museo de Sitio, donde se exhiben fotografías de la época, piedras, minerales, ropa, lámparas, cascos y carros góndola, con los que transportaban el mineral y material que resultaba de la explotación del subsuelo. La visita es muy rápida, sin embargo, la aventura inicia al recorrer el socavón que lleva a la veta de plata, que es el destino final de esta visita, hay que caminar, aproximadamente una distancia de 450 metros lineales para llegar a la veta, así que al entrar, se proporciona casco, para evitar lastimarse la cabeza, con las paredes de la mina. Es sorprendente, las condiciones climáticas, de iluminación y ventilación en las que los mineros realizaban su trabajo. Sin duda, al salir y ver la luz del día nuevamente, uno ve con otros ojos, las condiciones extremas en las que se trabaja en una mina.

Por la tarde, se recomienda comer los tradicionales pastes (especie de empanada, cuya autoría se atribuye a los ingleses que llegaron a la región a trabajar las minas), que se ofrecen en los cafés y restaurantes que se ubican en torno a la plaza principal y más allá, también. Los hay salados y dulces. Si decide comerlos en la comodidad de un restaurante, muy bien puede hacerlo acompañado de un delicioso chocolate o, porqué no, con una cerveza bien fría.

Como sucede en buena parte de las plazas de México, en la de Real del Monte hay un kiosco muy bonito y jardineras a su alrededor, que dan a la plaza, ese típico sabor provinciano. Al caminar entre sus calles, se disfruta de una arquitectura sencilla y armoniosa, cuyas casas, con techos de dos aguas, visten sus fachadas de colores pastel. Sus caminos empedrados dan la sensación de que uno sube y baja montañas, por lo empinadas de sus calles, sin embargo, con este relajante ambiente, el cansancio ni se siente. El tranvía es, también, una excelente opción para conocer el pueblo.

El lugar da para pasar al menos una noche, es agradable y acogedor. Hay hoteles para todos los presupuestos, cómodos y bien presentados. Anímese a pasar un fin de semana en este lugar, que de la Ciudad de México, está a no más de hora y media.

¡¡Visítelo!!

Julio 2010